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jueves, 16 de diciembre de 2010

Cambio de definición

Buscando para contestar a Jony y a Jose he caído en la definición del diccionario de psicoterapia, y he visto que será un artículo enmendado. En la 23 edición cambiará.
¿ cual sera el cambio sibilino que realizan?
pues pasar de 
1. f. Psicol. Tratamiento de las enfermedades, especialmente de las nerviosas, por medio de la sugestión o persuasión o por otros procedimientos psíquicos.
a
1. f. Psicol. Tratamiento de enfermedades mentales, psicosomáticas y problemas de conducta mediante técnicas psicológicas.


Asi que el DRAE, recogiendo el saber popular:

  • Fomenta la división medicina vs. psicología al especificar los tipos de enfermedades. Así que ya sabéis: en el cáncer, enfermedades reumáticas y autoinmunes o en el enfermar habitual la psicología no entra (la psiquiatría es una manta que ya no puede estirarse más para cubrir cuerpo y mente y tendrá que partirse)
  • Evita palabras feas como sugestión y la persuasión (Jesús, ya no digamos la manipulación) que son la madre del cordero en muchas psicoterapias.
  • Nos hablan de unas sacrosantas y misteriosas TÉCNICAS. Palabra que me cabrea por ser que lo técnico (que viene del griego τέχνη arte) tiene que ver con la habilidad del que desarrolla la técnica y con la técnica en si. Niega al otro. Niega el encuentro y la relación. Además no aporta nada a la definición unas "técnicas psicológicas" ¿eso qué es? 

Y si tenemos en cuenta que la primera entrada de psicoterapia en diccionario es en 1936: Tratamiento por  la persuasión o sugestión de los síntomas y de ciertas enfermedades. Creo que las tendencias son acotar el campo y cierto esoterismo ("técnicas psicológicas"... valiente elipsis)

jueves, 9 de diciembre de 2010

Los psiquiatras no tenemos bolas (de cristal)


Nadie puede ver el futuro. Podemos hacer predicciones, cálculos más o menos aproximados, pero nadie puede ver el futuro. Nadie tiene bolas de cristal en su despacho.
Hace años, no podía decir a un paciente con esquizofrenia que con ponerse un inyectable una vez cada quince días se iba a evitar tener que tomar pastillas cada día. Tampoco podía decir a los padres de un paciente con síndrome de Down que la supervivencia era de 60 años y que tenía mayor riesgo de demencia. Ante las sorpresas, casi diarias de los avances de la ciencia, ante los cambios de la sociedad; ¿quién puede condenar a alguien a la cronicidad?
El concepto de enfermedad psiquiátrica como cadena perpetua es un concepto obsoleto, propio del siglo XIX, que hoy día roza lo ridículo. Actualmente no se puede decir a nadie con absoluta certeza que “tendrá que tomar medicación para toda la vida” porque ¿quién sabe los avances que vendrán en un tiempo? 
Un motivo es por el propio terapeuta (que no puede ver el futuro y sólo puede hablar de posibilidades y no de absolutos) y otro es por quien acude con un problema, ya que el cerebro se ve influenciado por lo que llega al cerebro. Una mala noticia, un desaire grave por una persona de confianza, inculcar creencias negativas en una persona que sufre, una profecía terrible, insuflar desesperanza hace que sea más difícil el tratamiento y empeora el pronostico. En las enfermedades mentales absolutamente nadie tiene la última palabra.
Es verdad que hay un número de enfermedades mentales que requieren la toma de medicación durante un periodo indeterminado de tiempo, y también, que hay que valorar la situación específica de cada paciente para ver su evolución. Pero también es cierto que en una única consulta no se puede hacer un pronóstico catastrofista por dos motivos principales. El primer motivo es que nadie puede ver el futuro, el profesional de la salud mental con los conocimientos actuales puede hablar de posibilidades o probabilidades, pero no de absolutos.
El otro motivo es la situación de la persona que acude demandando ayuda, -habitualmente una situación de expectación y atención sostenida, esperando un solución- . Estas circunstancias le hacen estar muy influenciable. Una mala noticia, un desaire grave efectuado por una persona de confianza, inculcar creencias negativas, una profecía terrible, o insuflar desesperanza, en ese momento de especial vulnerabilidad, puede difícultar el tratamiento y empeorar el pronóstico.
En las enfermedades y trastornos mentales, absolutamente nadie tiene la última palabra.
Nadie puede decir que una medicación es para toda la vida, porque nadie sabe como será la vida de ese paciente en el futuro. En la consulta me he visto sorprendido con depresiones graves de larga evolución, resueltas por el paciente tras acudir a psicoterapia y cambiar de actitud y de pensamiento, he visto también, esquizofrenias con clínica persistente que desaparecen sin dejar huella cuando el paciente deja de fumar hachís e inicia una relación sana de pareja, ansiedades “de seis comprimidos al día” que desaparecen y ya no necesitan medicación al cambiar de trabajo,… la capacidad de renovación del ser humano es sorprendente.
Para ilustrar el tema de dejarse llevar por los pronósticos, válgame esta anécdota: Hace poco apareció en las noticias de la televisión la historia de un cómico inglés al que le diagnosticaron una enfermedad incurable y le dieron tres meses de vida. El cómico se gastó todo su dinero en una serie de caprichos inútiles y viajes. Cuando volvió a su Inglaterra natal le informaron que se habían equivocado de diagnóstico, que padecía una enfermedad rara, pero que se podía curar. Ahora está vivo pero tiene un nuevo problema: está arruinado.
Los avances en medicina son sorprendentes, los avances en las técnicas psicológicas son cada vez mayores, nadie sabe que nos traerá el futuro.
Para terminar, una acotación sobre lo que contaba al inicio, de cómo ha aumentado este siglo en más de veinte años el pronóstico de vida en el síndrome de Down. Hay que tener en cuenta que no ha sido por los avances de la medicina, ni de la psicología, sino por los avances de la sociedad. Hace (no tantos) años los pacientes afectos de síndrome de Down vivían a cargo de sus padres sin salir prácticamente de casa, siendo una carga, y en algunos casos, una vergüenza para la familia. Hace unos años la sociedad cambió y comenzó a aceptarlos a pesar de su diferencia y a integrarlos socialmente. Así pues ha sido el cambio social,-conseguido mediante la lucha de asociaciones de familiares y la información,- que pasó de ver el síndrome de Down como un castigo divino, a verlo como una persona con relativa discapacidad que puede mejorar, la que ha dado una mayor esperanza de vida para estos pacientes.
Quizás alguien pueda leer el futuro en las líneas de la mano, pero las líneas de la mano están donde están; en nuestras propias manos.

martes, 7 de diciembre de 2010

y hablando de móviles...

Al hablar de los móviles Jesús hace un buen comentario sobre la responsabilidad de uno mismo sobre la tecnología. Se pueden apagar, poner en modo silencio, dejar en casa...
Ya hay ciertas normas de cortesía y urbanidad aprendidas (ya no suenan con tanta frecuencia en cines y conferencias) pero aún faltan de aprender algunas.
El tema está en que la culpa no es del móvil, si no de la mano que enciende el móvil, pero no de la mano que enciende el móvil, sino del ser humano que controla la mano que enciende el móvil, pero no del ser humano que controla la mano que enciende el móvil, sino de la crianza de ese ser humano que controla la mano que enciende el móvil, pero no de la crianza  de ese ser humano que controla la mano que enciende el móvil, sino de la sociedad que estimula esa crianza de ese ser humano que controla la mano que enciende el móvil, pero no de la sociedad que estimula esa crianza de ese ser humano que controla la mano que enciende el móvil, sino de la historia que cae sobre esa sociedad  que estimula esa crianza de ese ser humano que controla la mano que enciende el móvil...
y siguiendo otro camino podríamos ir por  mano, cerebro, neurona, evolución,o podríamos ponernos más clásicos y llegar a Dios que todo lo puede, o más sociales e ir hacia el  marketing y su dominio para el uso y abuso, o podríamos caer en lo poético y recurrir a Borges y citar el final del soneto que recitó Marcela:

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. 
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza 
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

Es decir, que en el tema de responsabilidades uno puede hacerse cargo o diluirse en excusas, y siempre tendrás una teoría que te excuse, un algo a lo que echarle la culpa.
La otra opción es el valor de la responsabilidad. En este mundo de individualidades ya sólo se echa mano a lo  social, lo común para esconderse cuando suena el móvil en la sala.

sábado, 4 de diciembre de 2010

breve comentario sobre los móviles

Los teléfonos móviles son bastante criticados. Son molestos, se inmiscuyen, quitan intimidad, te hacen estar localizado, le suena al de al lado,... pero los actuales tienen una cosa buena: avisan con música de lo que sucede. Si me llama alguien de mi familia suenan the sonics, si me tengo que despertar leonard cohen, si me llama mi mujer I´m a man, si tengo alguna obligación escogida fatboyslim, -que también suena si es algún desconocido, - si me llaman del trabajo beastie boys...
En tiempos antiguos los pregoneros tocaban distintas músicas para distintos eventos, las campanas también sonaban diferentes según el evento. Nadie escogía la música. Una musica para toda la comunidad, una música para cada evento..
La ventaja del móvil es que cada uno escoje la música que quiere que le suene en el momento determinado, la elección del individuo frente a la imposición de la colectividad . La desventaja que también oyes lo que le acontece al vecino y el vecino oye lo tuyo, la disolución de la intimidad... cada vez creo más en la tercera ley de Newton, esa que: Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria.
Por cierto ¿Quién se pondrá esta versión  o esta versión (virtuosa)?

martes, 23 de noviembre de 2010

La meditacion una herramienta más para nuestra salud mental.

Decir que con la meditación se logra un estado de conciencia diferente suena extraño.
Para poder decir eso primero hay que reconocer que existen varios estados de conciencia. Nos es fácil distinguir dos estados de conciencia: sueño y vigilia. Y si nos ponemos con sutilezas vemos que el estado de mucha concentración cuando estamos absortos, o en Babia, tiene matices distintos del “estar alerta”. También serían ejemplos de otros estados cuando uno tiene fiebre muy alta y delira, recién despertado, en ese duermevela de poco antes de dormir,…
Los que hayan practicado meditación sabrán que ese particular estado mental no es ni dormido ni despierto. Es parecido a absorto, o estar en Babia, parecido a la relajación, pero no es igual.
Pero dejando aparte las disquisiciones neurológicas sobre si es un estado de conciencia diferente o no lo es la pregunta sería ¿es útil para nuestra salud mental?
En varios estudios se ha visto que está asociada con cambios en la secreción y liberación de varias hormonas pituitarias que hacen los mismos efectos que un neurotransmisor llamado ácido gamma aminobutírico, un neurotransmisor que “inhibe los excesos”. Es decir, que ayudan al “freno” de nuestros neurotransmisores. También se encontró que después de la meditación disminuyen los niveles de cortisol sérico (hormona relacionada con la adrenalina), la presión arterial, la frecuencia del pulso y la temperatura. Además se produjo también una disminución en el tiempo de reacción. Esto sería similar una “hibernación” voluntaria del cerebro durante un tiempo, disminuyendo la ansiedad y las emociones “fuertes”.
Por otro lado después de la meditación también se produce un efecto “subidón”. Se produce una elevación significativa de los niveles plasmáticos de la hormona liberadora de la corticotropina, sin diferencias significativas con la elevación que se produce de esta hormona después de una carrera y se estimulan las célebres endorfinas (esa sustancia que secretamos en nuestro interior y que nos “pone bien”)
Hay numerosos estudios que relacionan la meditación con el control de estrés, por ejemplo, un estudio de la Universidad Americana en Washington y la Universidad de Gestión Maharishi en Fairfield (Estados Unidos), publicado en la revista 'International Journal of Psychophysiology'. En el que se entrenó a 50 estudiantes en 10 semanas de meditación y vieron que desarrollaron un mejor rendimiento cerebral, menos somnolencia y una habituación más rápida ante estímulos desagradables, además, se mostraban menos irritables. En otro publicado en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' compararon un grupo de estudiantes chinos asignados a cinco días de práctica de meditación con otro que estudió técnicas de relajación. Según los autores los estudiantes que meditaron 20 minutos durante cinco días mostraron mejorías en las puntuaciones de los sistemas de la atención, menor ansiedad, depresión, ira y fatiga y un mayor vigor en la escala del Perfil de los Estados de Ánimo ('Profile of Mood States'), una disminución significativa en el cortisol asociado al estrés y un aumento en la reactividad del sistema inmune.
La meditación parece que también proporciona un mayor autocontrol según un estudio publicado en 'Proceedings of the National Academy of Sciences'. Un equipo de investigadores chinos dirigido por Yi-Yuan Tang, en colaboración con el psicólogo Michael I. Posner, premiado con la Medalla Nacional de la Ciencia, tomó 45 estudiantes. De ellos, 22 aprendieron meditación y los otros 23, recibieron la misma cantidad de horas en relajación. Los autores utilizaron un tipo de resonancia magnética denominada imágenes con tensor de difusión para poder observar las fibras que conectan las distintas partes del cerebro antes y después del entrenamiento. Se pudo observar, tan sólo en aquellas personas que practicaron meditación, como se llevaban a cabo cambios en las conexiones relacionadas con el cíngulo anterior, un área del cerebro relacionada con la habilidad para regular las emociones y el comportamiento. Estas diferencias en la conectividad comenzaron después de seis horas de entrenamiento y se volvieron más claras después de 11 horas de práctica. Según los autores, "la importancia de estos descubrimientos está relacionada con la habilidad de realizar cambios estructurales en la red del cerebro relacionada con la autorregulación". Este mismo grupo de investigación, descubrió que los individuos que practicaban meditación tenían mayor circulación sanguínea en el córtex cingular anterior derecho, es decir que esa zona “trabajaba más”. Como se habrá podido sospechar, los déficits en la actividad del córtex cingular anterior han sido asociados a los desórdenes por déficit de atención, y otros desórdenes similares.
Puede que este último estudio en el que se demostró que la meditación causa cambios anatómicos en el cerebro resulte sorprendente, pero ya se demostró a principios de la década de los noventa que la psicoterapia causa cambios en la anatomía funcional del cerebro.
Esta claro que la meditación no puede sustituir a un tratamiento en algunas afecciones graves, pero es una buena prevención para mantener nuestra salud mental.
Carta publicado en prensa pitiusa nº 193

domingo, 21 de noviembre de 2010

En psiquiatría no hay urgencias...

Como salta a la palestra el tema de la urgencia en blogs apreciados aqui y aquí, motivando que recuerde los tiempos de las guardias presenciales hospitalarias hago una reflexión al respecto.
En psiquiatria no hay urgencias. Esto no quiere decir que la asistencia en la urgencia sea asunto baladí, donde no existen situaciones de importancia. El impactante titular quiere hacer hincapié en que es difícil diferenciar lo importante cuando alguien te "urge", -que según la DRAE quiere decir que te pide o exige algo con urgencia o apremio o bien te conduce o empuja a una rápida actuación-.
Me gusta pensar que nuestro trabajo como "cooperantes de la mente de otro" se basa fundamentalmente en la reflexión. Una cualidad rara ante lo urgente, ante lo que nos apremia el otro, bien sea el sufriente o el demandante, porque con igual urgencia te insta el que tiene una crisis de ansiedad que el médico que se ha contagiado de la ansiedad de esa crisis.
Un punto a diferenciar es la urgencia -que en mi definición una urgencia es todo lo que se denomina urgencia, lo que viene con una prisa y una súbita necesidad que previamente no existia- y otra muy diferente la crisis.
La atención en urgencias es -disculpad el término- una "psiquiatria de palmadita en la espalda", es ese  oir como la queja -absurda- de que vienen para cualquier cosa, ese "ay que ver Facundo como esta el mundo", o a lo Ciceron  "o tempora o mores"....
La urgencia no la define la psicopatología del paciente si no su capacidad de movilización del canal de comunicación, sea este el 061, el 112, la televisión local, o el médico de guardia... y allí no es necesario un psiquiatra sino un público atento que solucione rápidamente o al menos contenga ( por eso es útil un ingreso o un pastillazo que no es una solución, sino una contención).
Otra cosa muy diferente es la crisis.
En la crisis somos necesarios los psiquiatras y la atención en crisis no se puede llevar a cabo casí nunca. Bien sea por el difícil acceso al paciente en crisis, bien sea por la dificultad del paciente en crisis en acceder a nuestros servicios; y las crisis - desde la que desde fuera parece más absurda a la grave cirisis psicotica- es un momento ideal para la actuación terapeutica. Dicho para que se entienda desde la "bioquimica ficción": un momento en que los neuroreceptores estan blanditos y las vesículas que echan neurotransmisores son más dadas a atender otras maneras de vivenciar puesto que es un instante de sufrimiento.
A partir de aqui hago un corta pega de un texto del Dr Juan Larban que lo dice más claro y más alto:

...La crisis psicológica podría definirse también como una ruptura del equilibrio psicodinámico de la persona y de su entorno familiar, social o profesional. Desde esta perspectiva, su tratamiento tendría como objetivo el crear unas condiciones especiales, un marco de trabajo psíquico propicio para contener y elaborar los determinantes de la crisis, gracias al trabajo intrapsíquico de la persona que la padece.
El objetivo del trabajo de crisis sería el de sacar el mejor partido de ese momento de ruptura considerado como fecundo. Las defensas del sujeto que la padece suelen estar disminuidas y debilitadas, sus emociones, muy intensas, son fáciles de movilizar. Todo ello crea unas condiciones muy favorables para intentar desarrollar y utilizar nuevos recursos internos que permitan un funcionamiento psico-afectivo mejor que el que se tenía antes de la crisis. El nuevo equilibrio psico-afectivo, conseguido tras superar con éxito la crisis, conduciría a un bienestar y a un grado de autonomía personal mayor y mejor.
La capacidad de resiliencia –resistencia ante la adversidad y capacidad de recuperación–, así como la capacidad de afrontar lo nuevo y lo diferente de forma creativa son para la persona que se enfrenta a una situación de crisis, importantes factores de protección de su salud y equilibrio psíquicos. La resiliencia, que tiene fundamentos psicobiológicos y psicosociales es un proceso dinámico que se va desarrollando de forma cambiante en función de la interacción del sujeto con su entorno.
La crisis puede ser también generadora de discapacidades y patología de todo tipo si el sujeto o el colectivo que se ve inmerso en ella no tienen la posibilidad de generar nuevos recursos que les permitan adaptarse e integrar el cambio que les “obliga” a su vez a cambiar.
Sin la ayuda adecuada, para algunos, la crisis puede ser también fuente de sufrimiento inútil y desencadenante de enfermedad. Hemos puesto la palabra “obliga” entre comillas para indicar la tendencia del ser humano a introducir pequeños cambios en su vida para que en el fondo nada cambie (homeostasis), a no ser que se vea necesitado de cambiar, tanto si la necesidad proviene de factores externos como internos.
La diferente conceptualización que se tenga de la crisis en el ser humano –sea de origen psicosomático o psicosocial–, repercute en su aplicación a la hora de dar una respuesta clínica a la demanda que la crisis genera.
Hay una gran diferencia entre conceptualizar la crisis y la descompensación psíquica como el estallido y emergencia de síntomas que hay que tratar de suprimir cuanto antes, y la visión de esa misma crisis psíquica como la incapacidad del sujeto que la padece para hacer frente a una necesidad evolutiva de cambio interno y/o externo. En este segundo caso habría que ayudarle más bien a contener, analizar, comprender e integrar, elaborando y dándole sentido a lo que está viviendo para poderlo superar.
Tanto el modelo psiquiátrico que tiene como base el modelo médico, como el modelo psicológico, nos colocan frente a sus importantes limitaciones en el abordaje de la crisis, limitaciones que se hacen mayores si ambos modelos son aplicados de forma disociada o excluyente.

No olvidemos que en japonés crisis se escribe con un símbolo que representa peligro y oportunidad.

Para más información sobre crisis de manera resumida os remito a aquí en la pagina 3, el texto completo del Dr. Larban (faltan dos parrafos) aquí , y si queréis unos resumenes las ponencias de las jornadas sobre crisis aquí

domingo, 7 de noviembre de 2010

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