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martes, 10 de agosto de 2010

Manía: de menor que cuatro a uno dos tres y cuatro

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua es maravilloso, de su célebre “pule fija y da esplendor” hoy me quedaré con el “fija”.
En el diccionario de 1734 aparece una denominación que hoy parece cómica pero que entonces era un cuadro de manía, en el sentido de entonces:
Manía lupina: cierta especie de melancolía, con la cual el que la padece suele salirse de casa a la noche y andar alrededor del lugar hasta el amanecer en cuatro pies como los brutos y aullando como los lobos busca las sepulturas y saca y despedaza los cadáveres y de día huye de los vivos. Algunos muerden como los perros.
Fíjate que el hombre lobo, como se apuntaba, era un lunático.
Creo recordar que había un psiquiatra interesado en un caso que hubo en Galicia en fechas tardías, pero el lobo ingresó en un manicomio,- tras varios asesinatos- y desapareció él y su historial.

Escribo el enlace por si hay curiosos que quieran seguir mirando diccionarios: http://buscon.rae.es/ntlle/SrvltGUIMenuNtlle?cmd=Lema&sec=1.0.0.0.0.

Pero mirad el maniaco:
Maniaco adjetivo que se aplica a la persona inútil, de corta habilidad y talento.
Es un morón, un F70-09, nada que ver con el sentido “psi” actual

Y la mejor, la manía
Manía: enfermedad de la phantasía que la altera y desordena, fijándola en una especie sin razón ni fundamento. Es voz griega Manía. Lat. Furor, insania.
Significa también extravagancia, capricho, tema y ridiculez de genio, y así se dice. Latín insania, exótica voluntas

La evolución del término manía en la lengua popular (sermo vulgaris creo que sería el latinismo apropiado) ha llegado a tener cuatro acepciones. Más o menos como en el lenguaje oficial, que la neurosis son ahora muchas enfermedades y de la psicosis cada vez se encuentra nuevas subdivisiones.

De ese inicio que afectaba a una función cerebral ya olvidada como la fantasía –mecanismo de defensa desterrado, función mental ilocalizable y por la tanto inexistente- ha llegado en la actualidad a pasear burlona por el cuadro maniaco, obsesivo, fóbico, paranoide. Es decir que este término “manía” libre de los corses de los laboratorios, lejos de los sesudos que se dedican a esto, cuando llega al hablar popular cruza, -ante el asombro de los sobrinos de Linneo- por todo el CIE 10 y el DSM IV. Desde síntomas de demencia (F00-F09) a casi todos los fragmentos de la neurosis (F40-49) pasando por síntomas de psicosis (F20-29), lo que deja en entredicho a nuestra pobre psicopatología descriptiva.
Manía, un significante con un significado englobador y ahora un significante con cuatro significados diferentes.

Manía, manía.
(Del lat. manĭa, y este del gr. μανία).
1. f. Especie de locura, caracterizada por delirio general, agitación y tendencia al furor.
2. f. Extravagancia, preocupación caprichosa por un tema o cosa determinada.
3. f. Afecto o deseo desordenado. Tiene manía por las modas.
4. f. coloq. ojeriza.
~ persecutoria.
1. f. Preocupación maniática de ser objeto de la mala voluntad de una o varias personas.

-manía.
1. elem. compos. Significa 'inclinación excesiva'. Grafomanía.
2. elem. compos. Significa 'impulso obsesivo' o 'hábito patológico'. Piromanía, toxicomanía.
3. elem. compos. Significa 'afición apasionada'. Melomanía.

jueves, 5 de agosto de 2010

la terapia de la violencia y la violencia de la terapia

Recientemente fui a Valencia a unas conferencias organizadas por el Centro Reina Sofía de prevención de la violencia. Unas charlas con el título de” Terapia breve: maltrato infantil y familia”.
La ponente era una persona muy cercana a la clínica, volcada al trato con los pacientes y la docencia, lo que hacía las jornadas especialmente interesantes. No venía una investiga-dora que vive en una torre de marfil, sino la directora del Centro Latino de Terapia Breve, del Mental Rese-arch Institute (MRI) de Palo Alto (California), una de las mecas de la psicoterapia, cuna de la psicoterapia breve y las teorías de la comunicación.
La charla fue eminentemente práctica, basándose en la presentación y discusión de casos clínicos. Los pro-fesionales enviábamos por mail los casos clínicos con antelación; la ponente se los estudiaba y los comentaba en grupo. La exposición de los casos y el enfoque que ella les daba, desde su perspectiva, fue preciso, original y enriquecedor.
Lo que me preocupó fue que la audiencia, formada por profesionales de distintas aéreas, -trabajo social, educadores sociales, psicólogos,...- a la hora de hablar de los casos tenían más dudas sobre el funcionamiento institucional que sobre el paciente o cliente, como le llamaban. Dejaban a la ponente sola hablando del paciente y entre ellos se preguntaban sobre la financiación, dependencia de organismo, relaciones interinstitucionales, competencias, flujo de pacientes, ratio de cuidadores,... una terminología basada en la ges-tión, más preocupada por la institución que por la relación con el paciente/cliente.
Me chocó, y me preocupó que los profesionales de la sala, -que se dedicaban a tratar a las víctimas de la violencia y los violentos-, ante un caso clínico discutido se centraran en las estadísticas de los comportamientos violentos, en las vagas generalizaciones. Preguntaban donde derivar, a quien avisar, las responsabilidades legales y el código civil, las conductas más frecuentes en ese rango de edad en vez de preguntar por el proceso de escucha, cómo conseguir aliviar el sufrimiento del paciente, como cambiar la tónica de relaciones abusivas.
La ponente intentó llevar la discusión hacia el paciente y su relación con él, pero fracasó. Y allí fue donde la discusión se hizo más extraña. Mientras la ponente hablaba de la individualidad de cada caso el público asistente hablaba de estereotipos. Si es una mujer, de tantos años, con tantas relaciones previas, que ha sufrido tal cosa tenemos que llevar a cabo esta técnica y si no funciona aplicar este criterio. Hablaban de estrictos manuales en vez de hablar de una relación terapéutica, comprensión y escucha.
Esta situación trajo a mi memoria a Procusto, un posadero de la mitología griega. En su posada había una sola cama que hacía que los clientes encajasen en ella: si el cliente era más pequeño la cama le estiraba los huesos hasta matarlo, si el cliente era más largo le cortaba los pies, la cabeza, o ambos, y si era del tamaño adecuado la cama se lo tragaba. Procusto se enriquecía quedándose con el equipaje del cliente.
Me preocupó que un tema tan problemático y difícil como el tratamiento de los violentos y sus víctimas acabe siendo una cama de Procusto en la que caen las personas que sufren, los casos individuales. Pensé que los protocolos y criterios diagnósticos que sirven como guía y orientación de un proceso terapéutico habían sustituido al proceso terapéutico. Como si conocer un plano esquemático de Ibiza fuese conocer Ibiza
Afortunadamente después de la conferencia, -de la que salí bastante irritado- había quedado a cenar con unos amigos –psicóloga ella y psicoterapeuta él- que venían del congreso mundial de psicoterapia celebrado en Los Ángeles. Este congreso se celebra cada cinco años, con las máximas figuras de cada tendencia de la psicoterapia actual: biologicistas, psicoanalistas, conductuales, cognitivos,... Me dijeron que, en ese foro, las últimas tendencias son basarse en la compasión, el encuentro con el otro y la búsqueda, mediante las neurociencias, del alma humana.
Por cierto una de las versiones de la posada de Procusto dice que cerró cuando el héroe Teseo empujó al posadero a su propia cama.

la comercialización de la ciencia

Hace ya un tiempo comenté el problema que trae simplificar demasiado las ideas para la divulgación, -tema que será recurrente-, pero no me centré en el mercadeo ridículo que trae la ciencia. Tras un estudio científico serio aparecen tanto investigadores que replican el experimento para contrastarlo, como empresarios desaprensivos que se quedan con una frase suelta y la utilizan como slogan publicitario. Ya sabemos que la salud vende. Cualquier objeto de consumo al que se le añada el adjetivo “saludable” se vende más. Si promocionas una camiseta diciendo que está entretejida con micropartículas imantadas para mejorar la salud, venderás más camisetas. Todo el mundo, en algún momento de su vida, cree que le hace falta más salud (y más dinero, y más amor,) y siempre hay gente dispuesta a decir que vende salud (y dinero y amor).
A raíz de los artículos sobre música, me escribieron un email comentando los DVD preparados especialmente para bebés, que se hicieron muy populares hace pocos años: la colección Baby Einstein y sus secuelas (baby Mozart, baby Galileo, baby “cualquiera puede ganar el nobel”).
La compañía Baby Einstein (que pertenece a la Disney), acogiéndose a varios estudios científicos creó una verdad “la música mejora el desarrollo de los niños” y pusieron un añadido falso “así que ver DVD de música también es bueno”. En beneficio de la venta no especificaron que música, cuanto tiempo, a qué edad, en qué condiciones,... y llegaron a ofertar unos DVD como niñeras, sustituyendo las horas de estar con otros humanos por horas viendo colores y sonidos en una pantalla.
El sentido común nos dice que por muy buena que sea la música no puede sustituir las horas de cuidado humano, pero a veces necesitamos acallar nuestro sentido común. Para una sociedad preocupada por el rendimiento laboral, en la que el tiempo de juego y crianza de los niños quita tiempo “productivo”, una verdad simple y que permite, apoya y justifica la dejación de las funciones parentales es adecuada y conveniente. No solamente no hay peor sordo que el que no quiere oír, también es peligroso el que dice lo que se quiere oír, y muchos querían oír que la televisión cuidaba bien a sus niños.
Los estudios serios realizados con posterioridad a la venta de estos DVD fueron concluyentes, cuanto antes empezaban a ver la televisión y más horas la veían menos desarrollaban el vocabulario, adquiriendo más problemas de sueño, peor rendimiento académico a los seis años, y más datos negativos en los que profundizaré la próxima semana. Ahora la Disney, en los EEUU, para evitar enfrentarse a un juicio millonario, ha tenido que devolver el dinero a todos los que compraron esos DVD.
En la mitología griega, dicen que los troyanos al ver el caballo de madera que habían abandonado los griegos se sorprendieron. Hartos de la guerra quisieron pensar que era un regalo de rendición y entrarlo a la ciudad. Un adivino, Laocoonte, les dijo la verdad: era un regalo envenenado que traería la perdición de Troya. No le escucharon (de hecho mandaron unas serpientes para matarle a él y a sus hijos) y lo entraron. Dentro del caballo estaba el ejército que derrotó a la ciudad.
Las verdades científicas son inocuas y sin ánimo de lucro, (como un caballo de madera) y es fácil permitirles entrar entre nuestras creencias. El uso que se hace de las verdades científicas (llenarla de un ejército armado) es lo peligroso.

Música en las neuronas

La música nos acompaña, como mínimo, desde que somos humanos. Tenemos el ritmo en nuestra vida. Los latidos del corazón, las respiraciones, el ciclo sueño-vigilia,… todo lo que nos mantiene vivos y sanos va con ritmo. La música, que es una combinación de melodía y ritmo, es un fenómeno cultural basado en una necesidad biológica. Ya Pitágoras utilizaba la música porque pensaba que existía una relación íntima entre los movimientos de la música y los movimientos físicos y psíquicos, ejerciendo la música un poderoso influjo sobre el estado de ánimo del ser humano. Pero ¿desde qué edad nos es positiva la música?
Hay un estudio que mostró que los bebés oyen desde el útero materno y que lo recuerdan.
La doctora Alexandra Lamont, de la Universidad de Leicester, estudió a 14 bebes cuyas madres ponían a sus hijos durante los tres últimos meses de embarazo una pieza de música. A la edad de un año, tomó esos 14 bebes y otros 14 que no habían escuchado música antes de nacer, les puso varias piezas –entre ellas la que habían oído en el vientre materno- y midió como se comportaban y si miraban a sus madres. De los 14 bebes que habían oído la música 11 se giraron más hacia sus madres y mostraron conductas de alegría con la pieza que habían oído en el vientre materno. Los 14 que no habían oído la pieza se portaron igual sin importarles la música de fondo. Según la investigadora esto demuestra que la música representaba algún papel en el desarrollo de los lazos emocionales. Quizás vaya algo lejos en sus conclusiones, lo que es cierto es que, al menos, la reconocían y les gustaba.
Otro estudio interesante se realizó con bebés prematuros y música de Mozart. Fue realizado por investigadores del Centro Médico Sourasky de Tel Aviv (Israel), dentro del programa internacional Nidcap (Programa de Asistencia y Atención individualizada de los recién nacidos) que investiga diversos métodos para aumentar el desarrollo y bienestar de los neonatos en las unidades especializadas de los hospitales. El Dr. Dror Mandel y su equipo pusieron música de Mozart a 20 bebés nacidos prematuramente. Se midió su actividad metabólica y vieron que los niños expuestos a Mozart utilizaban menos energía, así que ganaban peso y mejoraba más rápido su estado.
No saben con exactitud porque esto sucede, ni porque Mozart en vez de Bach o Schubert pero no son los únicos que han encontrado estos resultados. En la Universidad de Alberta en Canadá se dedicaron a estudiar investigaciones publicadas entre 1989 y 2006 para comprobar la eficacia y validez de utilizar la música -estos “estudios de estudios” gozan de gran predicamento entre las investigaciones científicas y se denominan “meta análisis”-. Pues bien, en este meta análisis, vieron que en la mayoría de estudios apuntaban a que la música estabiliza el estado del recién nacido, aumenta la saturación de oxígeno y acelera el aumento de peso acortando la estancia hospitalaria. Vieron que muchos estudios comparaban los indicadores indirectos de dolor (la tasa cardiaca, la tasa respiratoria, la saturación de oxígeno, movimientos y llanto) al realizar pruebas dolorosas (el pinchazo del talón al recién nacido) con y sin música y los autores concluyen que existen evidencias preliminares para sugerir que la música podría tener beneficios en términos de parámetros fisiológicos, estados de conducta y reducción del dolor durante procedimientos médicos dolorosos. Es decir, que con música duele menos.
Y esto es sólo al principio de la vida, conforme vamos creciendo sigue resultando positiva, y eso lo abordaremos en próximos artículos

Música y cerebro, la conexión

En el Instituto Max Planck de Desarrollo Humano en Berlín (Alemania) han hecho un estudio publicado con un llamativo titular: “Cerebros haciendo swing en concierto: sincronizan la corteza cerebral mientras tocan la guitarra
El diseño del estudio ha sido muy sencillo. Lo que han hecho estos científicos ha sido tomar parejas de guitarristas y hacerles tocar hasta 60 veces una melodía corta de jazz-fusión y mientras tanto medir las ondas cerebrales por electroencefalografía.
Se encontraron similitudes entre las fases de ondas cerebrales en el cerebro de los músicos cuando oían el ritmo de un metrónomo como preparación para iniciar el tema y luego iban aumentando las sincronías cuando comenzaban a tocar juntos. Según Ulman Lindenberger, coautor del estudio, "nuestros descubrimientos muestran que las acciones coordinadas interpersonalmente están precedidas y acompañadas por emparejamientos oscilatorios entre los cerebros".
Este es el hecho: que los cerebros al tocar juntos van al ritmo. Las explicaciones son variadas y cada una tiene sus conclusiones.
Si esta sincronización es una respuesta al ritmo del metrónomo y la música, quiere decir que el sonido influye en nuestras ondas cerebrales de manera similar, que oír la misma música nos predispone a realizar mejor tareas en equipo. Otra hipótesis sería que el ver los movimientos y escuchar la música de la pareja de interpretación hace que las ondas se sincronicen; seguir voluntariamente al otro hace ambos cerebros vayan al ritmo. Una tercera y más arriesgada sería pensar que primero tiene lugar una sincronización cerebral y que, al producirse esta, se produce una actuación coordinada. Pero esto ¿se podría demostrar?, ¿se podrían sincronizar las ondas cerebrales voluntariamente para así funcionar mejor como equipo?
En el 2001 un equipo de investigación del Imperial College, de Londres, dirigidos por el Dr. Gruzelier probó un experimento más arriesgado y complejo que el que acabamos de describir. Enseñó a 38 músicos del Royal College of Music a controlar su ritmo cerebral, a hacer funcionar todos los cerebros a la misma frecuencia de onda antes de que sonase cualquier melodía.
El equipo utilizó un ordenador que respondía a los estímulos eléctricos del ce-rebro, para diseñar un juego consistente en mover por la pantalla la imagen un barco hacia el horizonte. El barco sólo se movía si los músicos utilizaban las ondas cerebrales adecuadas (14 ciclos por segundo), si no lo hacían el barco retrocedía. Cuando el músico dominaba sus ondas cerebrales, aparecían en el cielo de la pantalla unas gaviotas.
Entrenados con este sencillo juego todos pudieron “sintonizar” su cerebro voluntariamente a las ondas que habían ensayado para mover el barco en el juego. Se les pidió que interpretaran la pieza que ellos quisieran durante 15 minutos, poniendo antes su cerebro a la frecuencia ensayada y se grabó su actuación en vídeo. Posteriormente la interpretación fue evaluada por un grupo de expertos de fama internacional para ver si había variado la calidad de tocar “normal” a tocar con el cerebro “sincronizado”.
Se demostró que cuando estaban todos con su cerebro a las ondas ensayadas mejoraban su interpretación, su musicalidad, así como su comunicación con el público. Las características que valoraron como más cambiadas eran la concentración y la imaginación.
Así pues parece ser que al tocar música juntos sincronizamos nuestras ondas cerebrales, y que podemos ser entrenados para sincronizar nuestras ondas cerebrales lo que nos permite funcionar mejor en grupo… al menos para interpretar música.

la adicción como espejismo

El otro día hablábamos de adicciones “no tóxicas”, y apuntamos el de la comprensión de estos pacientes que tienen una actividad que pasa de la afición a adicción. Una actividad normal (comprar, trabajar, comer,..) que pasa a ser una actividad que ocupa todo su tiempo y pensamiento. La afectividad, el interés que antes mostraban en otras parcelas de su vida ahora se ocupa en una sola. Aparece una adicción que es una relación exclusiva, excluyente y que llena su vida, no dejando espacio para nada más.
Estas terapias son complejas. Podemos llevar a un paciente al mejor equipo del mejor lugar, pero si el paciente no es consciente de que tiene un problema, no hará nada para cambiar, y estos pacientes, habitualmente, no se dan cuenta de que tienen un problema. Pasan más tiempo negando y disimulando el problema que pensando en solucionarlo. Además sienten la adicción como algo positivo que les place y les calma, como algo que llena y da sentido a sus vida. Algunas veces, para dificultar aún más la terapia, han hecho contactos sociales que apoyan y valoran su adicción aunque esta les este arruinando su vida, ayudándoles a negar la realidad y seguir cegados con la adicción.
Pongamos por ejemplo el adicto a las compras por Internet, que no puede con la hipoteca, está a punto de perder su empleo pero tiene mensajes diarios en su buzón, en la publicidad, animándole a comprar, dándole “facilidades de pago”, y además está en varios foros donde hablan de ofertas y tiene varios “ciber amigos” que le animan en su carrera por ser el número uno en compras… ¿Por qué va a querer cambiar su vida si cree así está bien y más gente opina como él?
Si no tenemos toda la información sobre lo que pasa es difícil ver a uno de es-tos adictos como un enfermo. A veces por apoyar a la persona, sin querer, apoyamos la adicción. Muchas personas con buena intención les dan consejos que el adicto, que este por su visión parcial y sesgada, convierte en justificaciones para apoyar sus actos. Les dan dinero para “salir del bache” que gastan en su adicción hundiéndose aún más.
Para iniciar la terapia es fundamental el momento de inicio, el paciente ha de ver el problema, y, a veces, tiene que estar muy hundido para darse cuenta o hay que ser muy directo para que vea como es su problema, porque el adicto verá en cualquier ataque a la adicción un ataque a una parte de sí mismo. Vera la confrontación con su problema como un ataque a su persona. La “extirpación quirúrgica” de su adicción es complicada, porque el paciente no lo vive como una mejoría, sino como una pérdida de la actividad que un día fue placentera y ahora llena su tiempo, aunque le arruine la vida. Para un profesional es complicado ayudar a estos pacientes. No hay métodos milagrosos que lo solucionen, hace falta un trabajo constante por parte del paciente y avanzar paso a paso.
El tratamiento ha de ser, por una parte de control de la conducta adictiva, y por otra parte la búsqueda de las causas que han generado esa adicción, para evitar que se vuelva a repetir.
Para controlar la conducta adictiva algunas escuelas propugnan que, de inicio, la persona no tenga ningún descontrol con respecto a su conducta adictiva. Se realiza un análisis exhaustivo sobre la conducta que mantiene esa persona, para poder determinar la frecuencia, las consecuencias y los factores que mantienen esa conducta adictiva y se lleva un control riguroso de los gastos que genera la persona, limitando el acceso al dinero, a la conexión a Internet, a la comida... La excusa clásica del “yo controlo” pasa a ser un “controlan que controlo”. En algunos casos llega a ser penoso (neveras y alacenas con candados, ordenadores con cables bajo llave, tarjetas de crédito suspendidas y nadie en la casa con dinero suelto, etc..) y aún así el paciente, a veces, se las ingenia para seguir con su conducta.
Otras escuelas realizan lo que se llama técnica de exposición con prevención de respuesta. En un primer caso evitar los estímulos que provocan ganas de realizar la conducta, luego realizar los estímulos vigilado, y finalmente solo y controlando. En caso de un adicto a las compras sería no entrar en ninguna tienda al inicio, luego entrar acompañado y sin comprar, para finalmente, permitirle comprar lo que necesite
Existe más técnicas que han de ser aplicadas a la vez que lo anterior como la reestructuración cognitiva. que se centra en los pensamientos que tiene la per-sona son para desencadenar la acción. Es fácil pensar que si el adicto se plantea de manera realista las cosas: que está arruinando a la familia, que no va a poder hacer frente a las deudas, etc... tenga algún impedimento más para realizar la conducta. Mientras que si piensan “rarezas”: tengo un sistema para ganar siempre, no hago daño a nadie, soy insustituible en el trabajo…seguirá con su conducta de riesgo.
Pero todas estas técnicas han de pasar por el filtro de lo humano , la comprensión de que le pasa realmente a la persona que necesita llenar su vida con un espejismo que le destroza a sí mismo y a los que están cerca de él.

adictos modernos

Recientemente han aparecido numerosos artículos en prensa científica y no científica sobre las llamadas adicciones “no toxicas”. En estas no hay ningún estupefaciente involucrado a diferencia de las adicciones llamadas “tóxicas”, las que suceden por consumo de sustancias como el tabaco, alcohol, hachís, cocaína, etc. Las llamadas “no tóxicas” no crean dependencia por el hecho de tomar una sustancia, sino por el simple hecho de realizarlas. Adicciones al juego, las compras, la comida, el trabajo, el sexo, las nuevas tecnologías y al amor, son las más clásicas de estas modernas adicciones.
Hay una característica diferencial muy importante. Uno puede tomar alcohol o no tomarlo, puede fumar o no hacerlo, pero ¿puede no comer o no comprar? ¿Se puede no usar las nuevas tecnologías, no amar?¿es posible eliminar totalmente el trabajo o el sexo de nuestra vida? Las adicciones no toxicas tienen una diferencia no en el hecho de existencia o ausencia de conducta adictiva, sino en la cualidad de la actividad.
Para ayudar a diferenciar cuando nuestra actividad normal comienza a ser una adicción “no tóxica” es muy útil la secuencia evolutiva de las adicciones, descrita por Krynch, sobre cómo se va pasando desde una conducta que es placentera (comer, amar, comprar,…) hasta que se está “enganchado” y se es un adicto.
En su artículo de 1989 dice que uno comienza a dar el paso hacia la adicción cuando hay un aumento de los pensamientos referidos a la conducta problema. La persona que cuando está en el cine, viendo relajadamente una película, comienza a pensar en las compras, o en la partida de ordenador mientras se está con los amigos, etc.…Esa conducta primero ocupa el pensamiento y después quita tiempo, energía y deseo para otras actividades. Uno deja aficiones que tenía, a causa de su adicción. No va a las torradas con los amigos para quedarse haciendo algo para el trabajo en un día festivo. Poco a poco, su adicción se convierte en el único tema de su interés. Llegando a este punto, la familia, los conocidos, suelen confrontarle con su cambio de actitud, y el adicto tiene dos respuestas típicas; el célebre “yo controlo, puedo dejarlo cuando quiera” o el “no estoy enganchado es que…” y dan una respuesta que lo justifique. Por ejemplo; un adicto a las compras que se compra una cortadora de césped que no necesita, viviendo en un apartamento en el centro de Sant Antoni, y dice que “es que estaba muy barata…” Hay una justificación personal y un intento de convencer a los demás por medio de una distorsión acentuada de la realidad.
El sujeto adicto experimenta entonces un deseo intenso de llevar a cabo la conducta adictiva, bien sea comprar, comer o trabajar, pero ya no le proporciona satisfacción; ahora lo hace para calmarse. Ya no se descarga juegos para jugar sino porque siente la necesidad de descargarlos. Cree que al descargarlos se va a encontrar mejor, pero ya funciona esta conducta como una adicción. Realizan la acción no para encontrarse bien, sino para no encontrarse mal. El fumar lo único que calma es el “mono” de nicotina, no calma nada más. En esta fase ya comienza a requerirse ayuda profesional, pero el paciente suele negarlo y aparecen consecuencias negativas crecientes. La familia, los amigos, la cuenta corriente,…. todo se resiente del tiempo y energía que deberían ser empleados en gran variedad de actividades pero que son dedicados en exclusiva a la adicción. A medida que los efectos adversos de la conducta aumentan, el adicto comienza a tomar conciencia de la realidad y realiza tentativas para controlar la conducta por sí mismo. Tentativas que habitualmente fallan.
En este avocamiento descrito, que parece apocalíptico pero es real, todavía se resisten a pedir ayuda y si tienen apoyo en su adicción –gente que les presta dinero, que les facilita o tolera su conducta, que minimiza su problema- aguantan en este estado todo el tiempo que pueden, sin reparar en las consecuencias negativas a largo plazo
Como cada vez tiene menos apoyos emocionales reales, (los amigos, la familia se hartan y se rodea de gente que se aprovecha de su debilidad aumentándola) el sujeto tiene menor capacidad de aguante ante las emociones negativas y las frustraciones cotidianas. Su adicción es la única vía para hacer frente al estrés que depara la vida.
Como la comprensión de estos pacientes y cómo abordarlos requiere más espacio, en un próximo artículo hablaremos de ello.
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