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martes, 28 de junio de 2011

Pygmalion, un clásico

Otro experimento clásico, (no me mato a pensar últimamente) este publicado en prensa pitiusa en el número 226
Como todos estos experimentos famosos hay multitud de paginas en Internet (Algunas muy interesantes) donde se pueden leer apreciaciones de interes, sobre todo desde el mundo educativo.
Desde el mundo "psi" la pregunta sería: ¿ también nosotros lanzamos el efecto Pygmalion?
La respuesta es si. E influye en la recuperación de los pacientes. Ya se comento en otra entrada referente articulo que me recomendó Pere.  




Según las Metamorfosis de Ovidio, Pigmalion fue un rey de Chipre que, apasionado por la escultura, se enamoró de Galatea, una estatua de marfil que el mismo había creado. El rey la trataba como si fuese de carne y hueso. Lloraba cada noche deseando que se hiciese real. Tanto la trataba como una mujer real que un día la estatua se convirtió en una mujer real.

George Bernard Shaw realizó una variación menos fantástica de este mito en la obra “Pygmalion”,- en la que se basó el célebre musical “My fair lady”-, en el que, por una apuesta, un profesor de fonética transforma a una florista callejera en una dama de alta sociedad. En el libro la protagonista dice: “Siempre seré la "chica de las flores" para el profesor Higgins, porque siempre me trató como a una florista y así seguirá tratándome. Pero sé que puedo ser una dama para usted, porque siempre me vio como tal.”

R. Rosenthal y L. Jacobson partieron de la idea general de que “Las personas hacen más a menudo lo que se espera de ellas que lo contrario”. Con esta frase inician su célebre libro “Pygmalion en la escuela. Expectativas del maestro y desarrollo intelectual del alumno” (1968).En este libro apoyan la tesis de que “la expectativa que una persona tiene sobre el comportamiento de otra puede, sin pretenderlo, convertirse en una exacta predicción simplemente por el hecho de existir” Dicho más claramente: hacer profecías es un factor que contribuye a que la profecía se cumpla. Si a un niño, se le dice: “te pareces al borracho de tu tío” y se lo repiten suficiente número de veces, tiene un gran número de posibilidades de acabar como el borracho de su tío.
En otro ámbito, si en el colegio te repiten que eres tonto, que jamás aprenderás posiblemente acabes sin aprender nada. El hecho de “pensar de” -y por lo tanto “actuar hacia”- un niño como si fuese tonto, modifica la conducta del niño. Las expectativas que tenemos en el niño modifican su comportamiento. Estos autores señalaron claramente cómo el definir a un niño como torpe hace que acabe convirtiéndose en lo que se espera de él, en un torpe.
A veces creemos que las expectativas, los pensamientos sobre los demás, sólo funcionan en una dirección: la actuación del otro hace que nosotros opinemos. Pero parece que funciona en las dos direcciones: nuestra opinión hace que el otro actúe.
Lo que estos autores hicieron fue presentar a los profesores al 20 por 100 de los alumnos de una escuela elemental como poseedores de un desarrollo intelectual particularmente brillante. Les dijeron que ese 20 por 100 de niños eran más listos que los demás, más preparados para mejorar sus capacidades.
Cuando al final del curso les pasaron un test vieron que los designados como más brillantes, los alumnos que habían presentado como “más listos”, habían aumentado el C.I. (cociente intelectual) de una manera significativamente superior que el del resto de sus compañeros.
No sería esto ninguna sopresa sino llega a ser que esos niños “más listos”, esos niños presentados como “brillantes” habían sido tomados al azar. No eran los más brillantes, eran tan mediocres como los demás. Como en otros experimentos que hemos visto, había truco.
¿Entonces porque aumento el C.I. de esos niños? ¿si eran como los demás que les pasó para acbar más “espabilados”? Pues parece ser que el cambio en las expectativas de los maestros, causó un cambio real en el rendimiento de esos niños.
No creo que este experimento signifique que por repetirle a un niño que canta muy bien el niño acabe cantando en Eurovisión, o que por decirle que se parece a Einstein acabe siendo un gran físico. Pero lo que nos demuestra es que nuestras expectativas sobre el comportamiento de los demás hacen variar su comportamiento. Con más facilidad en los niños, ya que carecen de una identidad clara y definida y suelen ser -aunque no lo crean- muy obedientes. Tanto que si una madre le dice: “si andas por allí te tropezarás”, es muy posible que el niño, obediente, ande por allí y se tropiece.
Por cierto, en un final apócrifo de la historia clásica de Pigmalion, la estatua al ser convertida en mujer carecía de cerebro y de corazón, así que no podía entender ni amar a Pigmalion, el cual acabo hartándose en breve de ella.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

De ahí que MOsher, en las Soteria, escogiera a los trabajadores no por su perfil como profesionales de la salud mental, sino por sus espectativas respecto a la mejoría de los usuarios, a su capacidad de comunicación "auténtica" y a su capacidad de empatizar con el otro.
Los males del bioligicismo imperante han provocado que parezcan aspectos estos sin importancia en la evolución y el pronostico.
Jesús Castro.

Saludos.

etiquetada dijo...

Todas las personas son inocentes e inteligentísimas hasta que no se demuestre lo contrario. Incluso en este caso, no hay garantías de que no sigan siéndolo en el futuro, en función de su empatía y empeño por mejorar.

Un abrazo!

Miguel dijo...

Hola Jesús, ya hubo experiencias que veían en un grupo terapéutico comunitario, creo que de Badaracco, que vio como los psicóticos considerados residuales mejoraban más con el personal joven y entusiasta (observando lo que no necesita ciencia por ser evidencia)
Pero como dices, han borrado la relación para poner recetas

Miguel dijo...

Hola etiquetada, gracias por la aportación en positivo.
Abrazos

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